Sin autorización.


Sin permiso desobedeciendo cualquier señal, cualquier orden, cualquier cosa que me impida el paso y como vulgar ladrón me adentro en lo mas recóndito de esta zona restringida.

Sin permiso avanzo, escondiéndome en las sombras, cada ves un paso mas cerca, cada segundo la distancia se acorta.

Ya puedo sentir tu respirar, los lentos latidos de un corazón magullado, las lágrimas que recorren un rostro de niña. Sin ningún derecho y de un solo zarpazo, me robo lo que he venido buscando.

Sin autorización y adueñándome de la situación robo ese lastimado corazón de niña, ese pequeño tesoro que he venido a buscar, ese al cual sin permiso alguno he osado llevarme, sí me lo llevo, a un lugar donde nadie lo encuentre, un lugar donde no pueda sufrir, donde no lo puedan lastimar, me lo llevo al lado de mi corazón.

El bar de tu alegría.

Expulsado, exiliado, y al olvido condenado, de ese tétrico y recóndito lugar en donde mis penas se refugian, ahí donde pasaba mis noches en vela, ahí donde ya nos soy bienvenido por falta de dolor.

Ahora en solitario, recorro las calles de esta fría ciudad, calentada por un nuevo sol, y con gran entusiasmo me refugio en el único sitio donde he sido bienvenido, don de he sido aceptado sin ningún prejuicio en "El bar de tu alegría".

Ese pequeño lugar de aspecto rosa, perfumado por un asfixiante olor a fresa, ahí donde trago a trago mi dolor desaparece y lenta mente soy embriagado por esa dulce sonrisa que me regalas, acompañada de los cálidos pasa bocas de tus abrazos, pasa bocas que calientan mi alma y mi frío corazón, en ese lugar donde muere mi apatía con la deliciosa compañía de tus palabras, palabras de dulce sabor que reconfortan el alma de este triste y melancólico mago.

Aliados de antaño


Al terminar de decir estas palabras, Fidus se voltea dándonos la
espalda y con unas palabras casi inaudibles para un oído normal,
recita una corta plegaria con la cual hace aparecer una luz muy
brillante frente a el.

-Fidus- ¿Acaso esperan una invitación formal? pasen el portal que no
tengo todo el día.

Dice estas palabras mientras se gira hacía nosotros y señala la luz con su mano.

Al otro lado del portal somos recibidos por un grupo bien armado de
encapuchado algunos con arcos y otros con espadas muy finas, espadas
elficas, pero sobretodo lo que mas me llamo la atención fue una figura
de unos metro y cuarenta centímetros, una figura completamente
metálica, portadora de un gran escudo en el cual se ve con orgullo el
símbolo del forjador y en una de sus manos una poderosa hacha de
batalla.

Del interior de esta figura se logra escuchar una voz, un tanto gruesa
y arrogante, una voz fuerte, pero conocida, una voz familiar pero
irreconocible

-Figura- Guardias bajen las armas, son las visitas que esperavamos, un
tonto elfo que se dejo capturar, y las dos bellezas que lo rescataron.

-Figura- Hummm, como es posible, que te dejaras capturar de esa forma,
heee! que te pasa, y sobre todo, por que te has quedado tanto tiempo
encerrado?, acaso no has aprendido nada en todo este tiempo, claro
tenia que ser un inutil orejas largas.

-Figura- Es que a caso no te he enseñado nada, o todo eso fue tiempo
perdido, a ver dí algo; responde, por eso es que los elfos nunca
aprenden no hacen si no ver estupideces, claro admirando las maticas
no ven que la están cagando.

-Uruloki- Pero espera, ¿acaso te conozco?.

-Figura- Que, fuera de elfo ingrato, es que acaso no reconoces quien
te ha salvado el trasero tantas veces, a tu viejo amigo Serge Ironforge,
o ya se te olvido de todas las batallas en las que luchamos juntos.

A mi espalda se oye la voz de Fidus, el cual interrumpe esta calurosa
bienvenida diciendo:

-Fidus- Bueno ya se saludaron, sera mejor seguir al campamento,
tenemos mucho de que hablar y muy poco tiempo.

-Fidus- Serge pagale a la señorita por su servicios, mientras me reúno
con nuestro amigo.

-Serge- Como diga Sir. Fidus, y tu no esperes que te trate con
titulillos chimbos que no lo mereces, orejas largas ingrato.

Conjuro y espada.

Es mi elección la de retomar las armas, mancharlas de nuevo con sangre, es mi elección desempolvar el viejo libro de conjuros guardado en el viejo desván.

Es mi decisión la de salir de viaje, la de recorrer sinuosos caminos, atravesar peligrosos bosques y la de luchar con mortales demonios, esos que te asustan, los que tanto temes, es mi decisión atravesar tus demonios con mi espada y estallarlos con mis poderosos conjuros.

Es mi voluntad la de arriesgar mi vida en terribles batallas, la de soportar grandes retos, es mi voluntad dar lo poco que queda de este agotado mago así en el intento muera desangrado.

Pero ante todo es mi elección, mi voluntad, y mi decisión el buscar tu corazón.

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