Apatía.

Sentado en el oscuro rincón del tiempo, pensando en lo que fue, en lo que no fue, en lo que sera, y en lo que no sera.

Prisión de soledad en la cual me encierro, lastimando sin querer a quien no quiero lastimar, sumergido en un mar de dudas, atormentado por fantasmas que se niegan a morir.

Solo quiero estar, apático estar.

Mascarada.

Sonrisa de ángel, resplandeciente alegría, imagen serena, aura de paz, basura... mascarada.

Maldito antifaz, mascara que oculta el verdadero rostro de la bestia, su verdadero lamento, eso que calla , aquello que oculta tras la mascara que muestra al mundo.

Apariencias que engañan, rostro que miente, vacío profundo, soledad inminente, todo tras el oscuro velo de la mascarada.

Salto.


Al borde, rozando el filo del abismo, enfrentando el miedo al vacío, solo el y yo mirándonos fijamente a los ojos y escuchando el cantar de la brisa, esa melodía que dice salta, vuela conmigo.

Cayendo, cierro los ojos y solo siento la brisa a mi alrededor, esa melodía que replica en mis oídos, la que dice danza conmigo, mientras mi cuerpo cae por el inmenso vacío.

Splash, mi cuerpo cae, llega al final de su viaje, al final de la danza con la brisa, ahora me hundo, sí me hundo en lo mas profundo de las aguas azules que me rodean, abro los ojo y miro como cada vez la luz se hace mas tenue hasta por fin desaparecer en las profundidades de este abismo.

Cenizas.


Restos extintos, cadáver inerte del fuego ardiente, herida cerrada, recuerdos del pasado, cenizas solo cenizas.

Fugas y efímero residuo calcinado de la pasión, recuerdos amargos, recuerdos dulces, recuerdos que el viento se lleva... cual cenizas.

Ceniza moribunda, símbolo de lo que fue y ya no es, de lo que existió y se extinguió. Inerte cadáver de algo que el pasado cubrió con la manta del olvido, pero que la dulce y cálida brisa podría revivir.

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